El tratamiento térmico de metales es uno de los procesos más importantes en la fabricación mecánica. A diferencia de otras técnicas de procesamiento, el tratamiento térmico generalmente no altera la forma ni la composición química de la pieza, sino que modifica su microestructura o la composición química de su superficie, mejorando o mejorando su rendimiento. El tratamiento térmico generalmente incluye tres procesos: calentamiento, conservación del calor y enfriamiento, y en ocasiones solo dos. Estos procesos están interconectados e ininterrumpidos. Durante el recalentamiento, la pieza se expone al aire, lo que suele provocar oxidación y descarbonización (es decir, una reducción del contenido de carbono en la superficie de la pieza de acero), lo que afecta negativamente al rendimiento superficial de la pieza tras el tratamiento térmico. Por lo tanto, el metal suele calentarse en atmósfera controlada o protectora, en sales fundidas y al vacío, y también puede protegerse y calentarse mediante un recubrimiento o un método de envasado para garantizar que el contenido de oxígeno se procese y produzca según los requisitos del proceso de producción.
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